Un viaje a la curiosidad: celebremos los 10 años del programa Niñas y Niños científicos de la UNAL

¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre cuando dejamos de ver la ciencia como un conjunto de fórmulas incomprensibles y empezamos a explorarla como un gran juego?

Hace una década, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín se planteó esta misma inquietud con un propósito claro: democratizar el saber y cultivar el asombro en la niñez mucho antes de su llegada a las aulas universitarias.

A través del especial de contenidos "Un viaje a la curiosidad: 10 años de niñas y niños científicos de la UNAL", celebramos cómo la apertura de los espacios universitarios a edades tempranas permite germinar vocaciones que hoy construyen el futuro de la ingeniería, la investigación y la innovación.

El origen: así la curiosidad se convirtió en ciencia

La historia de este programa comenzó en 2016. La profesora Verónica Botero Fernández, entonces directora de Investigación y Extensión, al reflexionar sobre su rol como madre y docente, se preguntó por qué la universidad pública seguía siendo un espacio reservado exclusivamente para quienes terminan el bachillerato. Con el invaluable apoyo de Gloria Cecilia Rolllave, una pedagoga infantil con gran visión, se diseñó una propuesta para que los niños habitaran el campus.

El 28 de noviembre de ese año, se realizó la prueba piloto con 32 niños en el Núcleo Volador. Desde entonces, la premisa ha sido fomentar la orientación vocacional temprana permitiendo que los menores se ensucien las manos con la ciencia, el arte y la ingeniería. “Mostrarle a los niños les empieza a sembrar semillitas de curiosidad que después se pueden desarrollar en vocaciones”, afirma la profesora Botero.

De armar carritos a diseñar el futuro: las voces de los protagonistas

El impacto de sembrar esa curiosidad es hoy una realidad tangible en los pasillos de la universidad. Para muchos de sus primeros participantes, el programa definió su proyecto de vida:

  • María Alejandra Sanguino (Estudiante de Ingeniería Mecánica): Ingresó al semillero a los 12 años. Para ella, la ciencia dejó de ser una obligación para convertirse en una aventura. “En los colegios la ciencia se ve desde una perspectiva muy de libro (...). En niños científicos era solo que te dejaban explorar, te dejaban jugar”, recuerda Alejandra, quien aconseja a las nuevas generaciones disfrutar del mundo real más allá de las pantallas.
  • Jerónimo Mejía Ramírez (Estudiante de Ingeniería de Control): Su ingreso coincidió con la pandemia, encontrando en la robótica y la programación un escape al encierro gracias a los kits enviados a su casa. Hoy desarrolla software y diseña cohetes y acaba de iniciar su pregrado en Ingeniería de Control. “A base de niños científicos fue que yo entendí todo el mundo de la tecnología y el desarrollo (...), a tener en mi cabeza que lo que yo quiera hacer lo puedo construir”, relata.

El relevo generacional: maestros que encienden la chispa

Detrás de cada niña o niño asombrado, hay talleristas dispuestos a traducir la rigurosidad científica al lenguaje de la imaginación:

  • Carlos Buitrago (Profesor del Departamento de Física): Participó desde el inicio como tallerista de óptica. Para él, el programa permite “desmitificar, reducir esas barreras de que la ciencia, la investigación y el desarrollo tecnológico que hacemos siempre están escondidos detrás de procesos de alto costo”.
  • Andrés Villegas (Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas): Impulsó la transición hacia un modelo que incluyera las artes. Él destaca que “la actividad científica es una actividad de disciplina (...). Tiene que haber pasión por conocer, por crear conocimiento, y justamente la pasión me parece a mí que es algo que se cultiva”.
  • Andrés Osorio (Exdirector de la DIE): Comprobó el impacto del programa en su propio hijo, quien tras experimentar en el laboratorio de olas Acuanautas, descubrió su pasión por la ingeniería marítima.
  • Lina Quintero (Estudiante y tallerista voluntaria): Destaca el inmenso reto y la belleza de enseñar robótica desde cero. “Estos espacios son fundamentales porque sabemos que la universidad también tiene el reto de impactar a las infancias”, reflexiona sobre la importancia de la educación pública.

Una década de hitos y expansión territorial

El programa ha superado innumerables retos. Ha llevado a 190 niños del Suroeste antioqueño a la universidad, ha realizado trabajo solidario en el barrio La Iguaná y ha impactado regiones como el Amazonas, la Orinoquía y Tumaco, en este último los talleristas lograron conectarse virtualmente impulsados por una planta eléctrica a gasolina.

Celebremos juntos: Aprender ciencia desde la curiosidad

Para conmemorar esta increíble trayectoria, la Dirección de Investigación y Extensión (DIE) invita a toda la comunidad al evento central: "Aprender ciencia desde la curiosidad: un conversatorio experimental".


¿Cuándo? 21 de septiembre de 2026, de 8:00 a. m. a 12:00 m.
¿Dónde? Auditorio Gerardo Molina, Bloque 41, UNAL Medellín.

Durante la jornada, disfrutaremos de una fascinante exposición de retos científicos en familia, donde se presentarán prototipos tecnológicos reales construidos por los niños y niñas del Semillero y sus madres y padres. Podrás interactuar con proyectos asombrosos como lavamanos automáticos para el ahorro hídrico, bastones inteligentes para personas con discapacidad visual, radares con sensores, monitores de frecuencia cardíaca, manos robóticas articuladas y sistemas domóticos de iluminación y seguridad.

Además, viviremos un conversatorio experimental e intergeneracional para reflexionar sobre cómo se transfiere la magia de la ciencia a los más jóvenes y cerraremos con un acto cultural y la celebración de cumpleaños institucional.

¡La ciencia es de todas y todos! Acompáñanos a seguir demostrando que la capacidad de imaginar y formular preguntas es el motor más poderoso para construir el conocimiento del futuro.