
Fotografía: Dirección de Investigación y Extensión Universidad Nacional sede Medellín
Es inevitable que al profesor Carlos Buitrago le brillen los ojos mientras mueve sus manos de un lado a otro, intentando transmitir lo que no alcanza con las palabras: esa emoción que le genera descubrir el asombro y encontrarse con las preguntas.
"Siempre me he reconocido como una persona muy curiosa. Siempre me ha gustado mucho jugar, explorar, hacer preguntas y desbaratar cosas".
Siendo niño, le gustaba explorar, desarmar objetos y preguntarse cómo funcionaban; características que ha potenciado en sus estudios, desde el pregrado hasta el posgrado. Esa pulsión analítica lo llevó a formarse en Ingeniería Física en la UNAL Sede Medellín, buscando entender los procesos de ingeniería a partir de los fenómenos físicos. Hoy, consolidado como magíster y doctor en Ciencias Físicas, mantiene intacto su interés por descifrar los sistemas tecnológicos e instrumentales.

Fotografía: Dirección de Investigación y Extensión Universidad Nacional sede Medellín
Hace diez años, cuando el profesor Buitrago finalizaba su pregrado, formaba parte de un capítulo estudiantil dedicado a la divulgación de la óptica en colegios. En ese momento, las profesoras Gloria Arroyave y Claudia García, junto con el entonces director de Investigación y Extensión, Román Castañeda, impulsaron una iniciativa institucional para acercar la ciencia universitaria a la infancia. Buitrago y sus compañeros se sumaron de inmediato, asumiendo el diseño del taller de óptica y articulándose con áreas como química, arquitectura, agronomía y el naciente Makerspace.
"Los chiquitos solo abrían los ojos, se asombraban y pegaban '¡wow!'. Escucharles esa emoción y encaminarla hacia ir construyendo explicaciones, que ellos mismos se hicieran preguntas y construyeran ese conocimiento, es de las experiencias más bacanas".
El reto pedagógico consistió en traducir el rigor técnico y científico al lenguaje del juego, manteniendo activa la curiosidad. En los laboratorios, los niños más pequeños reaccionaban abriendo mucho los ojos y exclamando con asombro frente a los experimentos. La labor de los universitarios era tomar esa emoción y encaminarla para que los propios niños formularan preguntas y construyeran explicaciones. Con los preadolescentes el desafío fue distinto, pues implicaba diseñar experiencias lo suficientemente cautivadoras para competir contra la distracción de los teléfonos celulares, logrando mantener su interés de forma exitosa.

Fotografía: Dirección de Investigación y Extensión Universidad Nacional sede Medellín
El profesor Carlos participó como tallerista durante unos cuatro años. Comprendiendo que la sostenibilidad de estas estrategias requiere relevo generacional, se dedicó a pasar la batuta a nuevos estudiantes de pregrado y maestría dispuestos a invertir su energía en el proyecto. Aunque su rol cambió, sigue vinculado al programa concibiendo ideas y apoyando el proceso.
En sus palabras, Niños Científicos es hoy más pertinente que nunca. El programa ha madurado, pasando de solo generar curiosidad a consolidar vocaciones reales. Al permitir que los menores se familiaricen con la electrónica, la programación, el modelado y la impresión 3D, el proyecto reduce el miedo a explorar lo desconocido. Su mayor impacto radica en desmitificar la ciencia, demostrando que la investigación y el desarrollo tecnológico no están ocultos detrás de barreras económicas o intelectuales inalcanzables, sino que son accesibles desde las capacidades de cada individuo.
Para el profesor Carlos Buitrago, la ciencia nunca ha estado encerrada en un laboratorio distante ni guardada tras fórmulas incomprensibles. Su trayectoria en el Departamento de Física de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, comenzó impulsada por la misma inquietud que hoy procura encender en las nuevas generaciones: las ganas de entender cómo funciona el mundo.
"Esto permite, de alguna manera, desmitificar la ciencia; reducir esas barreras de que la investigación y el desarrollo tecnológico que hacemos siempre están escondidos detrás de procesos de alto costo, tanto intelectual como económico. Nos demuestra que la ciencia es accesible y que la podemos hacer desde las capacidades que todos nosotros tenemos".
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